Al final las palabras suenan
como lo que nunca
quieren decir.
Alrededor de las frases
siempre una bandada
de pájaros ayudan a trasladar
cada verbo a su perfecto lugar.
Durante la semana no paró
de llover,
ellos no se elevaron;
sus pesadas alas no permitieron
que alzaran sus cabezas.
El frío se instaló en los
diminutos huesos de las aves.
El texto interno se alborotó
las semillas se esparcieron sobre
un capo minado por añejas pero
abiertas heridas que las atraparon.

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